
Autores: Psic. Ricardo Torres Linaja y Psic. Cecilia Suárez
Muchas parejas jóvenes atraviesan dificultades después del nacimiento de un hijo, especialmente cuando deben convivir con sus familias o depender de ellas para el cuidado del bebé. Aunque la ayuda de los abuelos suele darse desde el amor y la buena intención, en ocasiones pueden aparecer discusiones, diferencias en la crianza y conflictos emocionales que terminan afectando a toda la familia. Este artículo explica, desde la psicología y la terapia familiar, cómo el cansancio, la falta de límites y las tensiones acumuladas pueden deteriorar la relación de pareja y el ambiente emocional donde crecen los hijos.
Introducción
Tener un hijo cambia completamente la vida de una pareja. Aparecen nuevas responsabilidades, menos tiempo de descanso, preocupaciones económicas y muchas emociones intensas. Aunque socialmente se suele pensar que la llegada de un bebé une más a la familia, diversos estudios muestran que durante los primeros años de crianza aumentan el estrés, las discusiones y el cansancio emocional en muchas parejas (Gottman & Silver, 2015).
Esta situación puede volverse más complicada cuando la pareja vive en casa de los padres o necesita ayuda constante de los abuelos para cuidar al niño. En estos casos, los límites entre “ayudar” y “decidir” pueden confundirse, generando tensiones y conflictos familiares.
Cuando la pareja no logra construir su propio espacio
Desde la terapia familiar sistémica, el psicólogo Salvador Minuchin (1974) explica que toda pareja necesita formar su propio espacio emocional y familiar. Esto significa que, aunque las familias de origen sigan presentes, la pareja debe aprender a tomar sus propias decisiones y establecer acuerdos sobre la crianza de sus hijos.
El problema aparece cuando demasiadas personas intervienen constantemente en la forma de criar al niño:
- una abuela opina una cosa,
- la otra piensa diferente,
- los padres se sienten presionados,
- y poco a poco aparecen discusiones, alianzas y resentimientos.
Muchas veces, las peleas no comienzan por “cosas grandes”, sino por detalles cotidianos:
- cómo darle de comer al bebé,
- quién lo carga,
- quién decide,
- quién tiene más tiempo con él,
- o quién cree saber mejor cómo cuidarlo.
Detrás de esas diferencias suelen esconderse emociones más profundas, como sentirse desplazado, poco valorado o no reconocido dentro de la familia.
El cansancio emocional también afecta la relación
Criar a un hijo pequeño mientras ambos padres trabajan puede generar un enorme desgaste físico y emocional. Dormir poco, tener preocupaciones económicas y vivir bajo tensión constante hace que las personas reaccionen con más irritabilidad y menos paciencia (Abidin, 1992).
Cuando el agotamiento se acumula:
- aumentan los gritos,
- las discusiones se vuelven más frecuentes,
- cuesta escuchar al otro,
- y cualquier problema pequeño puede terminar en una pelea grande.
En muchos casos, la pareja empieza a sentirse sola, incomprendida o atrapada. Y si además existen conflictos entre las familias, la situación puede volverse aún más pesada emocionalmente.
Los niños también sienten el ambiente emocional
Aunque un bebé todavía no hable ni entienda completamente lo que sucede, sí percibe el clima emocional de la casa. Los niños son muy sensibles a los tonos de voz, las discusiones, la tensión y el estrés de los adultos.
Diversos estudios señalan que crecer en un ambiente cargado de conflictos constantes puede afectar el desarrollo emocional y la sensación de seguridad del niño (Siegel & Bryson, 2012).
Por eso, más allá de quién tenga la razón, lo más importante es preguntarse:
- ¿qué ambiente emocional está rodeando al niño?
- ¿qué está aprendiendo al crecer entre gritos o tensiones?
- ¿cómo impacta esto en su tranquilidad y desarrollo?
A veces los adultos se enfocan tanto en ganar discusiones que olvidan que el niño necesita, sobre todo, calma y estabilidad emocional.
WhatsApp y los conflictos familiares
Actualmente muchos problemas familiares se trasladan a grupos de WhatsApp. Allí las discusiones suelen crecer más rápido porque las personas escriben desde el enojo y los mensajes pueden malinterpretarse fácilmente.
Publicar videos, mensajes impulsivos o exponer discusiones familiares frente a otros suele empeorar el conflicto. Lo que podría haberse conversado en privado termina convirtiéndose en enfrentamientos grupales, donde aparecen bandos, críticas y exclusiones.
En estos momentos, es importante recordar que las redes y los grupos familiares rara vez ayudan a resolver conflictos emocionales profundos. Muchas veces solo aumentan el dolor y la distancia entre las personas.
Reflexión final
En situaciones familiares difíciles, generalmente no existe un único culpable. Más bien, cada persona aporta algo —consciente o inconscientemente— al clima emocional que se va formando.
La ayuda de los abuelos puede ser valiosa, pero también necesita límites claros. La pareja, por su parte, necesita aprender a asumir su lugar como padres y tomar decisiones juntos. Y las familias deben comprender que apoyar no significa controlar ni invadir.
Referencias
Abidin, R. R. (1992). The determinants of parenting behavior. Journal of Clinical Child Psychology, 21(4), 407–412. https://doi.org/10.1207/s15374424jccp2104_12
Bowen, M. (1978). Family therapy in clinical practice. Jason Aronson.
Gottman, J., & Silver, N. (2015). Los siete principios para hacer que el matrimonio funcione. Debolsillo.
Minuchin, S. (1974). Families and family therapy. Harvard University Press.
Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2012). The whole-brain child. Delacorte Press.
