Ansiedad, autoimagen y consumo de estimulantes en jóvenes

A.S.C., varón de 22 años, estudiante universitario, acude a consulta por manifestaciones de ansiedad que, según refiere su madre, se intensificaron desde la adolescencia tardía, evidenciándose en conductas de tensión corporal y evitación de espacios concurridos como el transporte público; actualmente, el paciente presenta preocupaciones relacionadas con su imagen corporal y sensación de insuficiencia, asociadas a experiencias de rechazo afectivo, manteniendo una rutina centrada en el entrenamiento físico y el consumo de suplementos pre-entreno (NOX) influenciado por su entorno social, lo que podría estar exacerbando su activación fisiológica y sintomatología ansiosa, en un contexto familiar de padres separados que conviven, y con demandas académicas que incrementan su nivel de estrés.

En la práctica clínica actual, es cada vez más frecuente encontrar jóvenes que experimentan altos niveles de ansiedad vinculados no solo a exigencias académicas o sociales, sino también a la construcción de su identidad y autoimagen. En este contexto, el culto al cuerpo y el uso de suplementos estimulantes, como los llamados pre-entrenos (NOX), se han convertido en una estrategia aparentemente funcional para alcanzar ideales físicos, pero que en muchos casos encubren necesidades emocionales más profundas.

Los suplementos pre-entreno suelen contener altas dosis de cafeína y otros compuestos estimulantes que incrementan la activación del sistema nervioso central. Si bien pueden mejorar momentáneamente el rendimiento físico, también pueden generar efectos secundarios como ansiedad, irritabilidad, tensión muscular e insomnio (Spradley, Crowley, Tai, Kendall, & Fukuda, 2012). En jóvenes con predisposición ansiosa, estos efectos pueden intensificarse, generando un círculo en el que el cuerpo permanece en un estado constante de alerta.

Sin embargo, el problema no radica únicamente en el consumo de estas sustancias, sino en la función que cumplen en la vida del joven. Diversos estudios señalan que la insatisfacción corporal y la comparación social son factores de riesgo significativos en la aparición de conductas compensatorias, como el sobreentrenamiento o el uso de sustancias para mejorar la apariencia física (Griffiths et al., 2018). Detrás de la búsqueda de un “mejor cuerpo”, muchas veces se esconde una necesidad de validación, aceptación y pertenencia.

Desde enfoques cognitivo-conductuales, se ha identificado que creencias irracionales como “mi valor depende de mi apariencia” o “si no cumplo ciertos estándares, no seré aceptado” generan emociones intensas como ansiedad, vergüenza o inseguridad (Ellis & Dryden, 1997). Estas creencias pueden reforzarse en contextos sociales donde el rendimiento físico y la estética son altamente valorados, especialmente en grupos de pares.

Asimismo, es importante considerar el papel del entorno. La influencia de amigos o modelos cercanos que promueven el uso de sustancias o prácticas poco saludables puede facilitar la normalización de estas conductas, incrementando el riesgo de escalamiento hacia el uso de sustancias más peligrosas (Ntoumanis, Ng, Barkoukis, & Backhouse, 2014).

Desde una mirada más profunda, el cuerpo comienza a hablar cuando las emociones no encuentran un espacio de expresión. La ansiedad, la tensión corporal y la necesidad de modificar la propia imagen pueden ser señales de un malestar interno que requiere ser comprendido, no solo controlado. En este sentido, la intervención psicológica no debe centrarse únicamente en la reducción de síntomas, sino en acompañar al joven a reconstruir una relación más saludable consigo mismo, basada en la aceptación, el reconocimiento personal y el desarrollo de una identidad más allá de lo físico.

Promover espacios de escucha, educar sobre los efectos de estas sustancias y trabajar en la autoestima desde edades tempranas son acciones clave para prevenir que estos malestares se profundicen. Porque, en el fondo, no se trata solo de cambiar el cuerpo, sino de aprender a habitarlo con mayor conciencia y respeto.

Referencias

  • Ellis, A., & Dryden, W. (1997). La práctica de la terapia racional emotivo-conductual. Springer Publishing Company.
  • Griffiths, S., Murray, S. B., & Touyz, S. (2018). Ampliando la hipótesis de la masculinidad: dismorfia muscular y trastornos de la conducta alimentaria en hombres. Psicología de los Hombres y Masculinidades, 19(2), 221–230.
  • Ntoumanis, N., Ng, J. Y. Y., Barkoukis, V., & Backhouse, S. (2014). Predictores personales y psicosociales del uso de dopaje en contextos de actividad física: un metaanálisis. Medicina del Deporte, 44(11), 1603–1624.
  • Spradley, B. D., Crowley, K. R., Tai, C. Y., Kendall, K. L., & Fukuda, D. H. (2012). La ingesta de un suplemento pre-entrenamiento incrementa el rendimiento de potencia durante el ejercicio de resistencia. Revista de la Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva, 9(1), 1–8