Nuevo Testimonio

Erika

El servicio y acompañamiento me ayudó en todo sentido. En comprender a mi hija, que es por lo que busqué el apoyo psicológico. En comprenderme a mi como persona. A comprender a las personas que me rodean. A buscar ayuda de un profesional porque no podemos con todos nuestros problemas solas, todos deberíamos siempre tener una orientación psicológica.

Ansiedad, exceso de futuro

Hoy en día, la ansiedad parece estar por todos lados. Mucha gente la sufre sin darse cuenta y les afecta en todo lo que hacen, tanto mental como físicamente.

La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones de peligro o estrés. Es una emoción que todos experimentamos en ciertos momentos de la vida. La ansiedad nos ayuda a estar alerta y preparados para enfrentar situaciones difíciles. Sin embargo, cuando la ansiedad se vuelve excesiva o persistente y comienza a interferir en la vida diaria, puede convertirse en un trastorno de ansiedad. Este trastorno puede causar preocupación excesiva, miedo intenso y síntomas físicos como palpitaciones, dificultad para respirar y temblores.

El ciclo de la Ansiedad

Desencadenante

Me asignaron una presentación frente a muchas personas.

Pensamiento

¿Y si me equivoco?, ¿Y si me preguntan algo que no se?, ¿Y si me olvido?, ¿Y si no causo buena impresión a los demás?, ¿Y si…?, ¿Y si…?, ¿Y si…?, etc.

Emociones

Ansiedad, estrés, frustración, preocupación, tristeza, miedo.

Sensaciones

Temblores, taquicardia, dolores de cabeza, mareos, insomnio, náuseas, falta de aire, etc.

Conducta

Evitar, posponer, rechazar la actividad, etc.

¿Cómo piensa una persona ansiosa?

Siempre imagina lo peor. Tal actitud se denomina “pensamiento negativo o catastrófico”. El ansioso construye en su mente una posible hipótesis de lo que podría llegar a ocurrir. Sus ideas comienzan con “¿Y si…?”. “¿Y si me enfermo?; “¿y si me quedo sin trabajo?”; “¿y si mi pareja me deja?”, etc. Por supuesto, la respuesta siempre es negativa. Es decir, a una pregunta hipotética se le suma una respuesta catastrófica. Esta es la fórmula perfecta para la ansiedad crónica. Aunque la persona no se dé cuenta, la ansiedad se va acumulando para manifestarse luego en su cuerpo, como alguno de los síntomas que mencionamos:

  1. Palpitaciones o taquicardia, sensación de que el corazón late rápido o fuerte, incluso en ausencia de ejercicio físico o actividad extenuante.
  2. Sensación de falta de aire o dificultad para respirar
  3. Sudoración excesiva, manos sudorosas, la transpiración excesiva en las axilas o la sudoración en general pueden ser síntomas de ansiedad.
  4. Puedes experimentar temblores en las manos, las piernas u otras partes del cuerpo debido a la tensión muscular causada por la ansiedad.
  5. Puedes sentir una presión o tensión en el pecho, que puede interpretarse erróneamente como un signo de un problema cardíaco.
  6. La ansiedad puede provocar síntomas como náuseas, malestar estomacal, sensación de mariposas en el estómago, diarrea o estreñimiento.
  7. La ansiedad crónica puede causar tensión muscular en todo el cuerpo, lo que puede provocar dolores musculares, rigidez o sensación de hormigueo.
  8. Puedes experimentar sensación de mareo, desequilibrio o vértigo, que pueden ser síntomas de ansiedad, especialmente durante episodios de pánico.
  9. La ansiedad puede interferir con el sueño normal, provocando dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes durante la noche o sueño no reparador.

Es importante tener en cuenta que, estos síntomas físicos pueden ser desagradables y pueden causar preocupación adicional, lo que a su vez puede aumentar la ansiedad. Si experimentas estos síntomas físicos junto con síntomas emocionales de ansiedad, es importante buscar ayuda profesional para recibir un diagnóstico adecuado y un tratamiento apropiado.

¿Dónde nace la ansiedad?

Nace a partir de nuestras propias creencias mentales, es decir, de nuestra particular forma de interpretrar la realidad tal y como se presenta. La principal creencia de una persona con tendencia a la ansiedad crónica es: “algo malo puede pasar”; es decir, no piensa en otras alternativas que se puedan adaptar a la realidad que se presenta.

La catastrofe que tanto te preocupa a menudo resulta ser menos horrible en la realidad de lo que fue en tu imaginación.

Wayne Dyer

Algunos consejos

Hable de sus problemas: Procure convivir con personas en estrecha relación de amistad, con quienes pueda compartir sus experiencias y expresarse. Los que siempre están aislados corren mayor riesgo de ansiedad. Si este es su caso, mantenga una buena relación con un familiar o un amigo que pueda escuchar su necesidad de compañía.

Practique la respiración y relajación: Utilice la respiración como un medio para evitar la tensión. Es sorprendente cómo algunos ejercicios sencillos de respiración pausada, profunda pueden proporcionar calma ante una situación de ansiedad o angustia. La tensión nos acompaña en nuestra vida diaria y es esencial saber cómo conseguir relajarse de una manera sistemática y habitual. Para ello puede solicitar la ayuda de un profesional de la psicología.

No trabaje demasiado: Define límites saludables entre el trabajo y la vida personal. Establece horarios regulares para trabajar y asegúrate de desconectar y relajarte fuera de esas horas.

Por otra parte, investigaciones clínicas nos llevan a la conclusión de que las técnicas más eficaces para el tratamiento de la ansiedad se basan en la psicología cognitivo-conductual. Veamos dos de ellas:

Dejar de pensar: Si, por ejemplo, la causa de la ansiedad es el miedo a contraer una enfermedad mortal, identifique los pensamientos relacionados con este miedo (por ejemplo, la enfermedad de un familiar, una noticia, un virus, etc.). Al primer indicio de aproximación de este pensamiento, diga “¡No!”, y piense en otra cosa o en una actividad que pueda distraer su mente.

Esta y otras técnicas podemos aprenderlas con la ayuda profesional. Por otro lado, a menudo los problemas de ansiedad también pueden tener raíces más profundas que pueden encontrarse en la historia de la persona y en algunos asuntos del pasado que no fueron trabajados emocionalmente. En estas circunstancias, es necesario conversar con un profesional Psicólogo(a).

Un artículo de nuestros profesionales “Dar Bienestar”